Cuando Javier Milei denuncia ante la ONU un ''modelo de gobierno supranacional de burócratas internacionales'' que se arroga el derecho de imponerles a los pueblos un modo de vida, muchos progresistas ponen los ojos en blanco y lo tratan de exagerado.
Bosnia y Herzegovina es la prueba de que no exagera nada. Ese pequeño país balcánico, partido tras la sangrienta guerra de los años noventa entre serbios, croatas y bosníacos (los musulmanes locales), se convirtió en el laboratorio donde esa lógica se llevó hasta el extremo: un país entero de Europa administrado por decreto, con su soberanía confiscada ''por su propio bien'', durante 30 años.
Los argentinos, que sabemos lo que es que organismos extranjeros pretendan tutelar nuestras decisiones y que llevamos casi dos siglos reclamando Malvinas contra la misma prepotencia de las potencias que reparten mapas ajenos, tenemos motivos de sobra para mirar de cerca lo que acaba de ocurrir allí.

Ese engendro acaba de agrietarse. Durante casi cinco años, un burócrata alemán al que nadie eligió gobernó Bosnia con poderes que ninguna democracia del planeta toleraría. Christian Schmidt, el hombre que llegó a Sarajevo prometiendo ser el último Alto Representante y que se marchó defendiendo con uñas y dientes el mismísimo cargo que había jurado desmantelar, presentó su renuncia el 11 de mayo de 2026, acorralado por una presión que él mismo describió como ''enorme e inesperada'' y que venía, sin eufemismos, de Washington. El 1 de julio su dimisión se hizo efectiva. Desde entonces el puesto lo ocupa, de forma interina, el diplomático estadounidense Louis J. Crishock.
En las cancillerías del progresismo occidental tratarán esto como un simple relevo administrativo. Es muchísimo más que eso. Es el derrumbe de credibilidad más profundo que ha sufrido el aparato de tutela internacional impuesto sobre Bosnia tras los Acuerdos de Dayton (el pacto que puso fin a la guerra en 1995 bajo mediación estadounidense), y obliga a formular la pregunta que la clase dirigente occidental lleva casi tres décadas escondiendo bajo la alfombra: si el modelo entero no habrá agotado por completo su legitimidad.
Digámoslo sin vueltas. Bosnia es el único Estado de Europa donde un funcionario extranjero, designado por potencias foráneas, tiene la autoridad legal para dictar leyes, destituir gobiernos electos, reescribir constituciones y expulsar a políticos de sus cargos. Durante 30 años nos vendieron este dispositivo como una necesidad para preservar la paz. La verdad salta a la vista: nunca fue otra cosa que imperialismo disfrazado con la palabrería de los derechos humanos.
Que nadie crea que se trata de una potestad teórica. Los Altos Representantes han removido a decenas de funcionarios electos, jueces y diputados a lo largo de los años, de un plumazo y sin apelación posible. Cuando los políticos bosnios no lograron ponerse de acuerdo sobre la bandera y el himno de su propio país, fue la Oficina la que los eligió por ellos. Hasta las patentes de los automóviles y la moneda común fueron fijadas por decreto extranjero. Es difícil imaginar una imagen más nítida de lo que significa un pueblo al que se le retira, uno por uno, cada atributo de la soberanía "para su propio bien".
Quienes edificaron el orden de posguerra en Bosnia creyeron, con la arrogancia típica de los ingenieros sociales de los años noventa, que las instituciones "correctas" impuestas desde arriba podían convertir un país destrozado en una democracia funcional. Se equivocaron de cabo a rabo. No produjeron democracia: produjeron dependencia. Un país congelado en una adolescencia tutelada perpetua, incapaz de desarrollar los músculos políticos que exige el autogobierno, porque toda disputa seria podía resolverla siempre una autoridad externa.
Dayton detuvo la matanza. Pero engendró un sistema de reparto étnico del poder de una complejidad delirante: tres presidentes, catorce parlamentos, estructuras de veto superpuestas. Todo pensado para impedir la dominación de un grupo sobre otro. Lo que produjo, en cambio, fue parálisis pura. Los gobiernos tardan meses en formarse, las reformas se pudren en un cajón y cada disputa importante termina resolviéndose por intervención extranjera.

La Oficina del Alto Representante (OHR), concebida como algo temporal, mutó tras los Poderes de Bonn de 1997 (el paquete de atribuciones que le entregaron las potencias supervisoras) en otra cosa muy distinta: un gobierno en la sombra con capacidad de meter la mano directamente en la política de un país soberano. Un funcionario extranjero, que no le rinde cuentas a ningún votante bosnio, acumuló poderes que ningún gobierno democrático del mundo aceptaría ni por un segundo. Treinta años después, la supervisión foránea sigue clavada en su sitio. En algún punto, un arreglo transitorio se convierte, lisa y llanamente, en una administración colonial permanente.
Así es exactamente como se lo entiende en la República Srpska, la entidad de mayoría serbia que, junto a la Federación bosnio-croata, compone las dos mitades del Estado bosnio. Allí la OHR no es una institución de construcción de paz: es una potencia ocupante. El agravio tiene peso jurídico. Christian Schmidt jamás fue confirmado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Rusia y China se negaron a avalar su nombramiento. Aun así, siguió dictando leyes vinculantes y reordenando el país por encima de las objeciones de buena parte de su población. En Banja Luka, la capital de esa entidad serbia, eso no se percibe como defensa de la democracia, sino como su negación pura y simple.
El caso Dodik desnuda la contradicción medular del sistema bosnio. Dodik, el líder serbobosnio aliado de Moscú, fue procesado e inhabilitado bajo una ley impuesta por Schmidt mediante decreto. Un funcionario extranjero escribió la ley. Un político electo fue perseguido por desafiarla. Que a los progresistas europeos esto les parezca ''Estado de derecho'' dice más de ellos que de Dodik. Que Washington levantara en 2025 las sanciones contra Dodik y sus asociados fue la primera señal del giro: del aislamiento hacia el diálogo con la República Srpska.

















