En el punto más crítico del estallido que destruye a Francia, el presidente Emmanuel Macron provocó un escándalo internacional tras las firmes declaraciones de Donald Trump, quien exigió cerrar las fronteras y deportar a los africanos que prendieron fuego toda Francia. Lejos de proteger a los ciudadanos patriotas ante los destrozos masivos, Emmanuel Macron salió a defender a los terroristas y afirmó enfáticamente que "es totalmente falso que fuimos invadidos por inmigrantes islamistas". El mandatario desmintió categóricamente las denuncias sobre la presencia de "hordas de inmigrantes islamistas", calificando dichas advertencias como falacias absolutas.
Esta actitud de ceguera ideológica provocó la inmediata y devastadora reacción de la líder derechista Marine Le Pen, quien destruyó al mandatario galo por eludir su responsabilidad directa en la ruina nacional. Marine Le Pen sentenció que "Las declaraciones conspirativas del presidente de la República son graves. Niega la realidad e intenta eludir sus responsabilidades en la situación de nuestro país". Asimismo, la dirigente patriota responsabilizó al Ejecutivo por el colapso institucional señalando que "Si Francia está hoy al borde de la guerra civil, si nuestro país está hoy al borde del impago, él lleva la responsabilidad principal", concluyendo con un firme llamado al cambio: "La alternancia permitirá el renacimiento de una Francia hoy más que nunca fracturada".













