El fallido Tren Maya, el proyecto estrella del expresidente López Obrador, continúa siendo un hoyo negro de recursos públicos. Ahora amenaza con destruir 259 hectáreas adicionales de selva maya. De acuerdo con documentos de la propia Sedena, se pretende construir una terminal de maniobras para vagones de carga.
Se trata de un desesperado intento por hacer rentable un tren condenado al fracaso desde su origen. El proyecto, vendido por Morena como “la obra que llevaría desarrollo al sureste”, se ha convertido en un desastre ambiental y financiero.
Ignorando las críticas, el gobierno insiste en ampliar su impacto. Para ello, arrasará más selva y pondrá en riesgo ecosistemas únicos que tardaron siglos en formarse.

Una obra militarizada y sin transparencia
El control militar del Tren Maya ha sido una constante desde su construcción. La Sedena ha convertido la obra en un negocio opaco, manejado sin rendición de cuentas y escudado en el argumento de la “seguridad nacional”.
Expertos señalan que este nuevo plan de deforestación responde a la incapacidad del tren para atraer suficientes pasajeros. El costo de operación es insostenible, por lo que ahora se apuesta al transporte de carga.
Esto implica destruir más selva y desplazar a comunidades mayas que jamás fueron consultadas de manera real.










