Un hallazgo arqueológico en Extremadura está ayudando a repensar cómo se movían los metales por Europa durante la Edad del Bronce. Investigadores vinculados al programa Maritime Encounters de la Universidad de Gotemburgo identificaron seis minas no registradas hasta ahora cerca de Cabeza del Buey, en la provincia de Badajoz. El trabajo de campo se realizó entre el 9 y el 16 de febrero, en colaboración con la Universidad de Sevilla y arqueólogos del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.
Las minas documentadas no eran todas iguales. Algunas correspondían a pequeñas zonas de extracción, mientras que otras mostraban ambientes mineros más complejos. En una de ellas se destacaba una trinchera de unos 70 metros por 3 metros, interpretada como una extracción organizada de mineral con cobre.
Uno de los datos más importantes fue el hallazgo de unas 80 hachas o martillos de piedra con ranuras. Según los investigadores, estas herramientas se usaban para romper y procesar el mineral. Esto indica que no se trataba solo de una recolección ocasional, sino de una actividad minera con cierto grado de organización.
Las minas contienen cobre, plomo y plata, tres metales relevantes para las economías de la Edad del Bronce. El cobre era fundamental para fabricar bronce cuando se combinaba con estaño, mientras que el plomo y la plata también tenían importancia económica y tecnológica. La presencia de estos materiales permite vincular el hallazgo con redes antiguas de producción e intercambio.
La importancia del descubrimiento aumenta porque estudios químicos e isotópicos previos sobre objetos de la Edad del Bronce en Escandinavia ya habían sugerido que parte de esos metales pudo venir del suroeste de España. Un estudio publicado en Journal of Archaeological Science analizó 33 objetos de bronce fechados entre 1600 a. C. y 700 a. C., y concluyó que sus composiciones no coincidían con minerales locales escandinavos. Esa investigación reforzó la idea de que el metal usado en Suecia fue importado.

El nuevo hallazgo no prueba por sí solo cada ruta comercial, pero sí aporta un contexto arqueológico físico para una hipótesis que antes dependía sobre todo de análisis de laboratorio. En otras palabras, ahora no solo hay objetos escandinavos con señales químicas compatibles con el suroeste ibérico, sino también minas concretas en esa región que pudieron formar parte de ese sistema.
El tema también se relaciona con investigaciones más amplias sobre la producción de cobre en Iberia. Un programa académico de la Universidad de Sevilla sobre producción ibérica de cobre señala que trabajos recientes han identificado más de 40 posibles minas de la Edad del Bronce Final en el suroeste y centro de España. Ese mismo documento menciona estimaciones de hasta 166 sitios prehistóricos aún poco estudiados en la región.
La Edad del Bronce Final en ese contexto se sitúa aproximadamente entre 1300 y 800 a. C., según el programa de la conferencia. También se indica que análisis isotópicos y geoquímicos han relacionado cobre de al menos 41 minas con objetos de bronce hallados en distintas regiones europeas, incluidas Escandinavia, Inglaterra, Francia, Irlanda, Cerdeña y Polonia. Esto sugiere una escala de circulación mayor que la imaginada durante mucho tiempo.
Cabeza del Buey se ubica en el extremo oriental de La Serena, en Badajoz, sobre la ladera de la sierra del Pedregoso. Esa ubicación ayuda a entender por qué el paisaje pudo ser atractivo para actividades extractivas antiguas. El hallazgo suma valor arqueológico a una zona que hoy forma parte del interior extremeño, pero que en la Edad del Bronce pudo haber estado conectada con circuitos mucho más amplios.
La lectura más prudente es que estas minas son una pieza nueva dentro de un rompecabezas mayor. Johan Ling, profesor de arqueología de la Universidad de Gotemburgo, afirmó que los descubrimientos recientes están cambiando la comprensión sobre cuán conectada estaba Europa hace unos 3.000 años. También señaló que en Extremadura y Andalucía podrían quedar hasta 150 minas prehistóricas sin documentar ni investigar