Caída real de la recaudación en octubre: ¿señal de un debilitamiento estructural de la economía uruguaya?
Bandera y dólar
porFederico Ventura
Economía
La economía está dando malas señales, lo que puede ser el inicio de una caída en la actividad económica.
La Dirección General Impositiva (DGI) informó que en octubre de 2025 la recaudación real (descontada la inflación) cayó 4,9% respecto al mismo mes del año anterior.
Los principales impuestos que explican el descenso fueron el IVA (−5,8%), el IMESI (−7,2%) y el IRAE (−9,1%). Pese a esta contracción mensual, el acumulado enero-octubre aún muestra un crecimiento real de 2,5%.
Desde una perspectiva que pone el foco en la actividad económica real y no en los agregados nominales, este dato de octubre merece atención especial por varias razones:
1. El IVA es el termómetro más directo del consumo privado. Cuando el gasto de los hogares se contrae en términos reales, la recaudación por este impuesto cae casi inmediatamente.
La baja de octubre sugiere que las familias uruguayas están reduciendo compras de bienes y servicios más allá de lo que explica la inflación oficial, sea por pérdida de poder adquisitivo, mayor ahorro precautorio o ambas cosas.
Monedas
2. El IMESI (impuesto a los consumos específicos: alcohol, tabaco, combustibles, etc.) también depende del consumo discrecional.
Su caída más pronunciada que la del IVA indica que los hogares están recortando primero aquellos bienes que pueden postergar o sustituir, comportamiento típico de las etapas en que la incertidumbre económica aumenta.
3. El IRAE (impuesto a la renta de las empresas) refleja los resultados contables del sector privado no financiero y actividades agropecuarias. Una caída del 9% real interanual anticipa que muchas empresas están generando menos utilidades o incluso pérdidas.
Esto suele ocurrir cuando los costos (salarios, energía, insumos importados) suben más rápido que los precios de venta o cuando la demanda se debilita, obligando a bajar márgenes para mantener volúmenes.
En resumen, la combinación de estos tres impuestos cayendo simultáneamentemente apunta a una contracción simultánea de consumo e inversión privada, los dos motores principales de cualquier economía.
Imagen de la bandera de Uruguay
El hecho de que el acumulado anual siga positivo se explica en gran medida por la inercia de los primeros meses del año, cuando la actividad aún venía beneficiada por el arrastre estadístico de 2024 y por algunos efectos precio favorables en el sector exportador.
Sin embargo, el dato de octubre rompe esa tendencia y sugiere que la fase expansiva podría estar agotándose.
Cuando el sector privado reduce gasto e inversión, la caída en la recaudación no es un “problema fiscal” en primer término, sino la consecuencia inevitable de una menor creación de riqueza real. Intentar compensar esa caída subiendo alícuotas o creando nuevos tributos suele agravar el problema: se extrae más recursos del mismo sector que ya está contrayéndose, reduciendo aún más el consumo y la inversión futura.
En economías pequeñas y abiertas como la uruguaya, la sostenibilidad del gasto público depende en última instancia de que el sector privado genere excedentes tributarios genuinos.
Cuando esos excedentes empiezan a menguar, como parece estar ocurriendo ahora, lo prudente es ajustar el gasto a la nueva realidad productiva en lugar de forzar una mayor extracción impositiva que termine profundizando la desaceleración.
La experiencia histórica muestra que los períodos de expansión fiscal financiados con presión tributaria creciente suelen terminar en correcciones más bruscas cuando la actividad real ya no puede sostenerlos.
El dato de octubre, por lo tanto, debería leerse menos como un “bache pasajero” y más como una advertencia temprana de que la capacidad de carga del sector privado está alcanzando sus límites.