El padre molesta porque sugiere autoridad, deber y responsabilidad. La familia molesta porque remite a un orden anterior al Estado, no programable ni ideológicamente neutro. Por eso estas palabras deben desaparecer. No de un día para otro, sino mediante una cirugía semántica gradual, constante y estratégica.
¿Quién define qué es “prudente”?
El reemplazo propuesto, además, no es más claro ni más preciso. Todo lo contrario. ¿Qué significa ser una “persona media, prudente y cuidadosa”? ¿Quién define qué es una conducta “media”? ¿Prudente según qué valores? ¿Cuidadosa respecto de qué estándares?
Cuando se borra un concepto cargado de sentido histórico —como el buen padre de familia—, no se elimina el juicio moral: se lo traslada a jueces, técnicos y burócratas, que deberán interpretar esos conceptos sin guía cultural ni moral compartida. Se reemplaza un estándar cultural comprensible por una fórmula vaga, abierta y arbitraria.















