En nombre de la inclusión y la modernización del lenguaje legal, diputados del Frente Amplio han presentado un proyecto para sustituir la expresión “buen padre de familia” en el Código Civil por la fórmula: “persona media, prudente y cuidadosa”.
A primera vista, parece un ajuste menor, un gesto contemporáneo para actualizar viejas fórmulas jurídicas. Pero no lo es. Este cambio no es aislado ni inocente: es parte de una operación ideológica mucho más amplia, sistemática y persistente. Es una pieza más del engranaje que busca desmantelar el lenguaje que nombra lo humano, lo natural y lo civilizatorio.
La expresión “buen padre de familia” tiene siglos de historia jurídica y de aplicación cultural. Representa un estándar de conducta: actuar con prudencia, previsión y responsabilidad. Pero no es casual que incomode. Contiene dos palabras —padre y familia— que hoy están bajo ataque simbólico constante. La hegemonía cultural dominante, de raíz neomarxista, no tolera estos conceptos porque evocan jerarquía moral, deberes previos y orden natural.
Padre y familia: dos ideas que se quieren suprimir
El proyecto del FA no es una excepción. Es parte de una tendencia que también ha llevado a sustituir términos como madre por persona gestante, niño por criatura, hija por infancia, padre por adulto responsable, familia por entornos afectivos o uniones libres.

No se trata de ampliar derechos. Se trata de borrar vínculos. De sustituir lo concreto por lo neutro, lo encarnado por lo funcional, lo personal por lo anónimo.
El padre molesta porque sugiere autoridad, deber y responsabilidad. La familia molesta porque remite a un orden anterior al Estado, no programable ni ideológicamente neutro. Por eso estas palabras deben desaparecer. No de un día para otro, sino mediante una cirugía semántica gradual, constante y estratégica.
¿Quién define qué es “prudente”?
El reemplazo propuesto, además, no es más claro ni más preciso. Todo lo contrario. ¿Qué significa ser una “persona media, prudente y cuidadosa”? ¿Quién define qué es una conducta “media”? ¿Prudente según qué valores? ¿Cuidadosa respecto de qué estándares?
Cuando se borra un concepto cargado de sentido histórico —como el buen padre de familia—, no se elimina el juicio moral: se lo traslada a jueces, técnicos y burócratas, que deberán interpretar esos conceptos sin guía cultural ni moral compartida. Se reemplaza un estándar cultural comprensible por una fórmula vaga, abierta y arbitraria.










