Del asistencialismo al Estado sustituto
Mientras tanto, el asistencialismo corroe el núcleo familiar bajo la apariencia de solidaridad. Muchos planes sociales penalizan el matrimonio o el reconocimiento paterno. Si una pareja se une, pierde beneficios. Si un padre asume su responsabilidad, el hogar deja de recibir ayuda. El sistema premia la fragmentación y castiga el compromiso.
El Estado, en lugar de empoderar, sustituye. Sustituye al padre con subsidios, a la madre con guarderías, a la comunidad con burocracia. Una familia que depende del Estado deja de ser libre; y una sociedad sin familias libres se vuelve esclava del poder político.
La ideología de género: disolución de las raíces
En nombre de la inclusión y la igualdad, el Estado y la cultura oficial promueven una ideología que disuelve la identidad y erosiona los vínculos. La familia natural es caricaturizada, la maternidad vista como opresión y la masculinidad como sospecha.
Desde la escuela se enseña que todo puede redefinirse: el sexo, la familia, la historia. Todo, menos la responsabilidad. Los niños aprenden que pueden ser lo que quieran, salvo hijos o padres comprometidos. Así, se fabrica una generación sin raíces, sin herencia y sin propósito.















