Segundo, porque asume que el capital se va a quedar igual. Como si las empresas no tuvieran opción. La realidad es otra: el capital es móvil y se mueve donde haya condiciones competitivas. Si Uruguay elimina el atractivo fiscal de sus zonas francas, las empresas pueden migrar a Panamá, Chile o Costa Rica sin ningún problema. Lo que hoy es inversión, empleo y derrame económico acá, mañana puede ser nada.
Tercero, porque destruye la razón de ser de las zonas francas. Estos regímenes no son un capricho: son la única herramienta que un país chico tiene para diferenciarse frente a gigantes. Al gravar lo que estaba exonerado, Uruguay pierde su propuesta de valor. Y con eso pierde empresas, empleos calificados y la posibilidad de integrarse a cadenas globales.














