Ante esa situación, los Departamentos de Estado, Comercio y Agricultura recomendaron a gobernadores, funcionarios públicos y empresarios que informen inmediatamente al Departamento de Estado si reciben llamadas, comunicaciones o cualquier otro tipo de presión por parte de funcionarios del gobierno chino.
La medida refleja la creciente preocupación de Washington por las actividades de influencia atribuidas al Partido Comunista Chino dentro de Estados Unidos. En los últimos años, distintos organismos federales han advertido sobre intentos de Pekín para influir en gobiernos locales, universidades, empresas y organizaciones civiles con el propósito de promover los intereses estratégicos del régimen y limitar el respaldo internacional a Taiwán.
Aunque Estados Unidos mantiene oficialmente la política conocida como ''Una Sola China'' y no reconoce formalmente a Taiwán como un Estado independiente, continúa siendo el principal socio internacional de la isla y su mayor proveedor de armamento defensivo. Washington sostiene desde hace décadas que cualquier cambio en el estatus de Taiwán debe producirse de forma pacífica y con el consentimiento de su población.














