El Banco de Inglaterra elevó este jueves las tasas de interés por primera vez en más de tres años y advirtió que podría aplicar nuevos incrementos si continúa el conflicto entre Estados Unidos e Irán, ante el riesgo de que la inflación británica alcance casi el 5% a mediados de 2027. La decisión representa un nuevo desafío económico para el gobierno del primer ministro Andy Burnham, que enfrenta dificultades para aliviar el costo de vida de los hogares.
El Comité de Política Monetaria (MPC) aprobó elevar la tasa de referencia del 3,75% al 4%, en el primer aumento desde agosto de 2023. La votación terminó con ocho integrantes a favor y uno en contra, aunque el desacuerdo no estuvo relacionado con la conveniencia de mantener las tasas sin cambios, sino con la magnitud del incremento.
La economista Catherine Mann votó a favor de una suba más pronunciada, de medio punto porcentual, que habría llevado la tasa al 4,25%. El mes pasado, Mann había advertido que la institución estaba tardando demasiado en transmitir a los mercados que tenía bajo control las presiones inflacionarias.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, explicó que la decisión busca anticiparse a los efectos que los elevados precios de la energía podrían trasladar al conjunto de la economía durante los próximos meses.
''El aumento de hoy no debe interpretarse como el primero de una larga e inevitable secuencia de subidas. Eso no es inevitable. Pero, a menos que se resuelva el conflicto en Oriente Medio, tampoco parece probable que sea el último'', afirmó durante una conferencia de prensa.
La advertencia refleja la preocupación de las autoridades monetarias por el impacto prolongado de la guerra entre Estados Unidos e Irán sobre los mercados energéticos. Aunque hasta ahora existen pocas señales de que la inflación se esté acelerando en sectores ajenos a los directamente afectados por el encarecimiento de la energía, el banco considera que ya se acumularon suficientes presiones para justificar un endurecimiento de la política monetaria.
El aumento de las tasas encarece los préstamos para las empresas y los hogares, especialmente para quienes tienen hipotecas con intereses variables o deben refinanciar sus deudas. Por lo tanto, la decisión podría añadir nuevas dificultades a las familias británicas que ya enfrentan un elevado costo de vida.













