Orsi señaló que el 60% de las personas en situación de calle pasó por la cárcel o el INISA. Mencionó las adicciones. Citó el narcotráfico. Habló de salud mental. Todo correcto. Todo insuficiente.
Porque faltó la pregunta que quince años de gobiernos frenteamplistas nunca pudieron hacerse en voz alta: ¿qué rol jugó la desintegración de la familia, el debilitamiento de las redes comunitarias y la cultura de la dependencia que el propio Estado progresista cultivó? El Frente Amplio interpretó la calle como consecuencia exclusiva de un “sistema” cruel. Rara vez aceptó que también es resultado de decisiones personales, de adicciones sin tratamiento efectivo, de familias desarmadas, de una cultura que romantiza la marginalidad en lugar de exigir responsabilidad.
La triplicación no es un accidente. Es el fruto previsible de una lógica que nunca se preguntó por las causas profundas, porque hacerlo hubiera implicado cuestionar sus propios supuestos.
El narcotráfico que Orsi menciona creció bajo su coalición, en sus ciudades, en sus barrios. Las adicciones que cita tampoco son ajenas a las políticas de su espacio, que durante años normalizó el consumo como derecho individual sin hacerse cargo del costo colectivo.
El diagnóstico correcto, la medicina equivocada













