Hay ministros que asumen para cambiar la realidad. Y hay otros que asumen para explicarla. Para traducirla en teoría, para ponerle nombre académico al deterioro y para convencer, con mucha elocuencia, de que lo que está mal es en realidad lo esperable.
Carlos Negro no llegó al Ministerio del Interior con un plan. Llegó con un veredicto.
Todavía con el cargo en el bolsillo, sin haber pisado su despacho, declaró públicamente que la guerra contra el narcotráfico "está perdida." No fue un exabrupto. No fue una frase sacada de contexto. Fue una definición ideológica dicha con total convicción. Y cuando el país reaccionó, no corrigió: profundizó. Dijo que "la fantasía de derrotar al narcotráfico ha fracasado con total éxito, acá y en todas partes del mundo."
Es difícil combatir algo que uno ya decidió que es invencible
Un año después, el saldo está sobre la mesa: 369 homicidios en 2025, según el propio Ministerio que dirige. Una tasa de 10,3 cada 100.000 habitantes que más que duplica la de Argentina y Chile. Y lo más revelador no es el número en sí, sino la serie: 383, 381, 382, 369. Cuatro años consecutivos prácticamente idénticos.
Una meseta de sangre que este gobierno presenta como "tendencia positiva" y que cualquier sociedad con los reflejos sanos llamaría por su nombre: normalización de lo inaceptable.
Trece muertes menos no son una victoria. Son el margen de error de la tragedia.













