El espectáculo de anoche no fue un accidente. Fue la confirmación de un sistema podrido. La Asociación de Docentes de Educación Inicial y Primaria de Montevideo (ADEMU) convocó un paro de 24 horas en las escuelas de la capital. La decisión se tomó en la noche del miércoles. No dieron aviso razonable a las familias. No pensaron en los chicos que quedaron expuestos a la calle o sin clases. Todo por una pelea entre un maestro y una maestra —más un funcionario— en las oficinas de la Inspección Montevideo Oeste de Primaria, dependencias administrativas de la ANEP. Una agresión física con exhibición de arma blanca, en un contexto que el gremio enmarcó como violencia de género. El agresor ya tenía antecedentes y había sido apartado antes. El presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, calificó la medida de “irracional”. Mientras tanto, las autoridades improvisaron alternativas de alimentación en escuelas abiertas o cercanas. Los menores y sus familias pagaron el costo de una riña interna.
La secuencia es tan previsible como indecente. Primero el conflicto entre docentes. Después la convocatoria urgente nocturna. Luego el cierre de escuelas en Montevideo. Y al final, los chicos fuera o con jornadas truncadas, mientras los sindicalistas celebran su “lucha” y anuncian desafiliar al agresor. Los mismos que adoctrinan con narrativas de opresor y oprimido, que convierten cualquier conflicto en arma de presión, demuestran una vez más que su única meritocracia es la del poder gremial. La calidad de la enseñanza, la seguridad de los menores y el tiempo de las familias les resultan indiferentes.
Este no es un caso aislado. Es el modelo. En Secundaria se perdieron más de 300.000 horas de clase en un solo año por vacantes y ausentismo docente. En 2024, el 65 % de los funcionarios de la ANEP se certificó por enfermedad al menos una vez, con un promedio de 30 días de licencia. En primaria e inicial, el ausentismo crónico de los alumnos supera el 50 % y llega al 72 % en inicial: muchos chicos pierden el equivalente a un año completo de clases a lo largo de su escolaridad. Los resultados PISA 2022 son elocuentes: 409 puntos en matemática (promedio OCDE 472), 430 en lectura (476) y 435 en ciencias (485). Solo el 43 % de los estudiantes uruguayos de 15 años alcanza el Nivel 2 o superior en matemática, frente al 69 % de la OCDE. Uruguay está entre los mejores de América del Sur, pero a años luz de los sistemas que realmente funcionan.












