Es claramente visible, y a la vez preocupante, cómo la clase política, a través de sus medios preferidos, sale de manera coordinada a tergiversar hechos para limar al Gobierno.
Argentina no es ni Suiza, ni Dinamarca. Ni siquiera es España. Lo que resulta una obviedad para cualquier lector con dos dedos de frente parece ser el hilo conductor de la cobertura mediática de las últimas semanas: comparar la realidad de un país que arrastra un siglo de problemas contra una vara aspiracional imposible de alcanzar en el plazo inmediato.
El presidente Milei fue muy claro y explícito desde el principio de su mandato. El objetivo es ser uno de los países más prósperos del mundo. Pero eso va a llevar tiempo. No hay atajos. Primero hay que limpiar ochenta años de pésimas políticas públicas y de falta de inversión en capital, tanto físico como humano.
Argentina en 2026 es, objetivamente, un mejor lugar que la Argentina de Alberto Fernández. Quien diga lo contrario, o no miró los números, o su bienestar dependía de sectores artificialmente inflados por políticas comerciales, cambiarias y monetarias que elegían ganadores y perdedores. Y los ganadores siempre eran pocos. Los perdedores, 47 millones de argentinos.
El sesgo mediático contra el Gobierno de Milei
Veamos algunos ejemplos del sesgo fundamental anti Milei en los medios, tanto nacionales como internacionales, a la hora de cubrir las noticias.
El 1° de agosto, Infobae tituló que la Argentina transita "la cuarta recesión más larga" de los últimos 32 años: 16 meses, según el índice del Centro de Investigaciones sobre el Ciclo Económico de las bolsas de Rosario y Santa Fe.
El papelón de Infobae.
Empecemos por recordarle al lector que la definición técnica de recesión son dos trimestres consecutivos de contracción económica. Eso, en la Argentina de 2026, no se verifica. El INDEC publicó esta semana los últimos números del EMAE, que mostró un crecimiento interanual en 12 de los 15 sectores que componen la actividad, con una suba mensual del 0,8%, la segunda más alta del año. Uno podría llenar páginas de análisis para argumentar que Infobae usó una metodología específica. No hace falta: la intención era hacer daño, lo demás es papel picado.
Bloomberg hizo algo parecido el 26 de agosto con "La Argentina de Milei va de la euforia al estancamiento": los datos no muestran estancamiento, muestran una desaceleración de las proyecciones de crecimiento de 3,5% a un rango de 2% a 2,7% para 2026, que sigue siendo crecimiento. Mismo modus operandi. Un titular con la intención de limar al Gobierno.
Bloomberg se sumó a la ola de difamación medíatica.
Inflación y deuda: la misma lógica de interpretación
Con la inflación pasó algo similar. Julio cerró en 2,1% a nivel nacional, explicado casi en su totalidad por un factor estacional puntual: el salto de 5% en Recreación y Cultura por las vacaciones de invierno y el Mundial, mientras la núcleo se mantuvo contenida en 1,8%.
Cuando la inflación de la Ciudad de Buenos Aires dio 2,9% ese mismo mes —un salto de 1,1 puntos respecto de junio, también por estacionales que treparon 10,9%— buena parte de los medios habló de "desborde" y de fracaso del plan de desinflación.
La misma cobertura, aplicada al 2,1% nacional para explicar por qué era razonable dado el contexto, no existió. Los relevamientos de alta frecuencia de agosto —Eco Go, Analytica, Fundación Libertad y Progreso— ya muestran una caída sensible, con proyecciones que convergen entre 1,4% y 1,8%, otra vez en los pisos de 2025. Tampoco eso mereció tapa.
Otro caso interesante fue el de la deuda flotante del Tesoro nacional. En abril el tema ganó notoriedad después de un aumento nominal significativo en marzo respecto del mes anterior, que a su vez venía de niveles bajísimos en enero y febrero. Marzo fue el único mes que presentó una variación real, ajustada por inflación, positiva.
Infobae se hizo eco del tema, así como otros opinadores en redes sociales, y se usó para sembrar dudas respecto de la calidad del superávit fiscal: "el Tesoro pisa los pagos para mostrar superávit fiscal". Nadie reparó en que la deuda flotante venía de niveles bajísimos. Ni hablar de que nadie publicó que la deuda en julio muestra una reducción de 36% en términos reales respecto del año pasado, y de 42% desde marzo de 2024. No hay ningún maquillaje, pero los medios quisieron bajarle el precio al superávit.
La morosidad y el relato de una crisis sistémica
El tema más discutido de las últimas semanas fue el de las moras crediticias. El BCRA informó la cantidad de familias con deuda en situación irregular. A partir de ahí buena parte de la prensa la instaló como si la Argentina estuviera al borde de una crisis sistémica al estilo de las hipotecas subprime de 2008, y una porción del arco político le reclamó al Gobierno una "intervención" que, en los hechos, era un salvataje a los bancos financiado con impuestos o con emisión. La misma lógica corporativista de siempre: pocos ganadores concentrados, los bancos, y la cuenta repartida entre todos los demás.
Ese análisis fue malicioso por varias razones. Argentina es el país con el sector financiero más chico de la región. El crédito, antes del gobierno de Javier Milei, era prácticamente inexistente hacia el sector privado, menos aún para las personas. Hubo una explosión de crédito en billeteras virtuales con montos muy bajos, poco control de riesgo y tasas altas. Las moras crediticias aumentaron en todos los países, principalmente por el efecto que generó el aumento de la energía, que hizo que las familias postergaran pagos para cubrir obligaciones inmediatas.
Un detalle poco discutido es que el número en sí mismo estaba inflado por una cuestión regulatoria. Por norma del BCRA —el llamado "efecto arrastre"— si un cliente cae en mora con una entidad, el resto de los bancos donde ese mismo cliente está al día quedan obligados a recategorizarlo también como moroso, aunque nunca se haya atrasado con ellos. El Banco Macro lo puso en números en su balance del segundo trimestre: la mora medida con el criterio regulatorio fue de 6,25%. La mora real, clientes con más de 90 días de atraso efectivo, fue de 4,08%. Dos puntos y medio de diferencia que no son incumplimiento: son una foto contable distorsionada por la deuda de un tercero.
El análisis de Matías Fernández que destruyó todo el relato de la morosidad.
Cuando se cuestiona al autor en lugar de discutir los datos
El análisis de Matías Fernández (@matifer en X) fue el que finalmente puso el problema en perspectiva: mostró que la mediana de deuda en mora estaba muy por debajo de un salario mínimo, y que la distribución del problema estaba lejos del drama sistémico que se había instalado. Nadie discutió un número de ese análisis, ni cómo cambiaba la historia.
En 48 horas la conversación se corrió hacia la biografía del autor, que trabaja para una consultora con Mercado Libre entre sus clientes. Es un dato real y hay que decirlo. Pero ese mismo estándar —investigar quién financia al que opina— jamás se aplicó, en dos años de cobertura sobre consumo, empleo o inflación, a ningún economista crítico del Gobierno, ni a los estudios que un diario porteño citó esta misma semana sobre ludopatía, atribuidos a universidades y ONGs sin preguntar una sola vez quién los financia.
El caso de Claudio Jacquelin en La Nación es el manual de instrucciones de cómo se hace. Bajo el rótulo de "análisis" —no de opinión, según la propia clasificación del diario— construyó una nota entera sobre la morosidad usando verbos como "obturó" y "blindado" para describir la comunicación oficial, y le atribuyó a Milei estar "obsesionado" citando únicamente "fuentes oficiales" anónimas. La premisa estaba en el título antes que la evidencia.
Y después está Marcelo Bonelli, de Clarín/TN/Radio Mitre, que no se cansa de inventar historias que no existen. En marzo escribió sobre "inversores asustados" la misma semana en que Argentina Week cerraba con 16.150 millones de dólares en anuncios de inversión. Hace diez días publicó que Caputo les había confesado a un grupo de banqueros que Milei se negaba a mover una coma del programa económico pese a los reclamos internos.
Marcelo Bonelli fue desmentido en varias oportunidades por Javier Milei y Luis Caputo.
Caputo salió a desmentirlo en público y lo llamó "fantasías de viernes". Cuando la fuente que supuestamente dijo algo lo niega en tiempo real, no queda mucho margen para la interpretación.
Esta misma semana, Carlos Pagni le dedicó una hora de programa a Victoria Tolosa Paz para presentarla como la voz de un "peronismo moderado" que reclama "conducción vertical" y le exige al Gobierno atender la desconexión con la realidad.
Es menester recordar que Tolosa Paz que integró el gabinete que le dejó al país una inflación del 211,4% interanual y un acumulado de gestión superior al 900%. Blanquear en TV, bajo el rótulo de "moderación", a la responsable directa de la última hiperinflación argentina, tiene su ironía.
Argentina todavía no es Suiza, pero la dirección importa
Argentina es Suiza, no. Pero como un Lionel Messi muy joven contestaba en 2010 a la pregunta de cuántas estrellas tenía Argentina en ese momento: "ey, por ahora". Hay un camino por recorrer y la dirección es la correcta.
El Gobierno a veces comete errores, en algunos temas avanza más lento de lo esperado, en otros da marchas y contramarchas y el calendario electoral va a hacer lo suyo. Pero señalar un problema y narrar un país en llamas con datos parciales, fuentes anónimas y biografías auditadas a conveniencia son dos cosas distintas. Los medios vienen eligiendo la segunda alternativa. Y esto es solo el principio.